El rumor del mar acompañaba cada paso mientras un grupo de jóvenes, llegados desde distintos puntos de Europa, descubría que la costa no es solo paisaje, sino también memoria viva, equilibrio y responsabilidad. Estudiantes del Colegio Narval, en el Polígono de Santa Ana, compartieron una jornada de aprendizaje con alumnos del instituto RSG Tromp Meesters de Holanda en uno de los enclaves más valiosos del litoral: el Sendero Azul entre La Manga y Cabo de Palos.
Allí, entre senderos que bordean el Mediterráneo, los participantes no solo observaron, sino que aprendieron a mirar. Identificaron especies de fauna y flora propias del litoral, comprendieron la importancia de la posidonia como pulmón marino y adquirieron conocimientos prácticos para actuar ante la presencia de medusas, diferenciando sus tipos y sabiendo cómo responder sin alterar el ecosistema. Todo ello en inglés, convirtiendo la experiencia en un ejercicio de convivencia, divulgación científica y conexión cultural.
La actividad forma parte del programa impulsado por la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor, responsable de la concesión de los Senderos Azules, un distintivo que reconoce itinerarios ligados a playas y puertos con Bandera Azul y que promueven un uso respetuoso del entorno. En este contexto, Cartagena se posiciona como un ejemplo destacado, con cuatro senderos que superan los 25 kilómetros y que representan una parte significativa del total regional.
No se trata solo de rutas para caminar, sino de espacios donde el territorio se explica a sí mismo. Muchos de estos senderos discurren por zonas recuperadas, donde la intervención humana ha sabido reconciliarse con la naturaleza. Son escenarios que invitan al ocio saludable, al conocimiento y, sobre todo, a la toma de conciencia sobre la fragilidad y el valor del patrimonio natural y cultural.
El concejal de Litoral y Sanidad, Gonzalo López Pretel, subrayó durante la jornada que la conservación del litoral ha sido siempre una prioridad para el municipio. Una labor constante que, más allá de la gestión institucional, encuentra ahora continuidad en las nuevas generaciones. Jóvenes que, como los protagonistas de esta experiencia, entienden que proteger el entorno no es una opción, sino una responsabilidad compartida.
En el Sendero Azul de La Manga–Cabo de Palos, el aprendizaje no termina al final del recorrido. Permanece en la mirada de quienes han descubierto que el verdadero valor de la costa no está solo en su belleza, sino en su capacidad para enseñar, unir y perdurar.











