Cartagena vuelve a levantar el telón con una de sus citas culturales más queridas. El Certamen Nacional de Teatro Aficionado Isidoro Máiquez celebra desde este lunes 13 de abril su vigésimo quinta edición, consolidado como un espacio de encuentro para el talento escénico de todo el país y como un homenaje vivo a la figura de Isidoro Máiquez, referente universal del teatro y orgullo cartagenero.
Durante seis días, el salón de actos del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy se convierte en epicentro de historias, emociones y aplausos. La programación reúne seis propuestas que reflejan la diversidad y riqueza del teatro aficionado actual, con cinco montajes a concurso llegados desde distintos puntos de España y una obra de exhibición firmada por la Asociación Cultural Algameca, alma y motor de este certamen desde sus inicios.
La edición de este año no es una más. El certamen alcanza su cuarto de siglo con cifras que evidencian su crecimiento: 138 obras presentadas, prácticamente el doble de lo habitual, lo que ha obligado a una selección especialmente exigente. Un dato que, lejos de ser anecdótico, confirma el prestigio adquirido por esta cita dentro del circuito nacional.
La inauguración corre a cargo de “Aquí huele a chamusquina”, una propuesta cargada de humor y ternura que pone en escena la vida cotidiana de cuatro ancianos sorprendidos por un giro inesperado. A partir de ahí, el público asistirá a una sucesión de historias que transitan entre la comedia, el drama y la reflexión social.
“Caos en escena”, desde Molina de Segura, promete risas a través de los desastres de una compañía teatral incapaz de controlar su propio estreno. Le sigue “7 años”, una intensa pieza sobre la ética y la amistad ante la presión de una decisión límite. Desde Castellón llega “Lo que deja ver el ficus cuando se poda”, que aborda con sensibilidad la identidad y las relaciones personales en un contexto familiar marcado por la enfermedad.
El viernes será el turno de “La chica de la luciérnaga”, ambientada en el vibrante Tokio, donde se cruzan las aspiraciones profesionales y las dificultades personales de sus protagonistas. El sábado, antes de la clausura, “La Valentía” pondrá el broche escénico con una historia sobre vínculos familiares, memoria y resistencia emocional, envuelta en un tono tan íntimo como irónico.
Más allá de las representaciones, el certamen mantiene su esencia competitiva con premios que reconocen la interpretación, la dirección y la puesta en escena, además del galardón especial del público, que una vez más tendrá un papel protagonista en la decisión final. La entrega de premios, prevista para la noche del sábado, cerrará una semana en la que el teatro vuelve a demostrar su capacidad para reunir, emocionar y hacer pensar.
Con entradas accesibles y una programación cuidada, Cartagena reafirma su compromiso con la cultura y con quienes, desde la pasión y el esfuerzo, mantienen vivo el espíritu del teatro. Veinticinco años después, el legado de Máiquez no solo se recuerda, se representa.












