Hay celebraciones que no solo ocupan un lugar en el calendario, sino también en la memoria colectiva. El festival Ventepijo es una de ellas. Tras cuatro años de silencio, Pozo Estrecho se prepara para recuperar una de sus citas más queridas, una jornada donde la música, la gastronomía y la convivencia vuelven a entrelazarse con naturalidad. Será el sábado 6 de junio, en el recinto Paco Saura, cuando este evento recupere su latido con el respaldo del Ayuntamiento y el entusiasmo de quienes nunca dejaron de esperarlo.
Ventepijo no es un festival al uso. Desde sus orígenes ha defendido un formato diurno, abierto y accesible, pensado para que familias, amigos y curiosos compartan algo más que conciertos. Aquí no hay prisas ni artificios: hay mesas, risas, platos que circulan y canciones que se descubren casi por azar. Esa combinación, tan sencilla como eficaz, fue la que lo convirtió en una propuesta pionera en la Región de Murcia, y es precisamente esa esencia la que ahora se reivindica sin necesidad de reinventarse.
La música volverá a ser el hilo conductor, con un cartel que mantiene la filosofía de apostar por el talento cercano sin renunciar a nombres ya consolidados. En esta edición, la colaboración entre estilos y formaciones adquiere un protagonismo especial. Mala Cotton compartirá escenario con la banda de música local, la SAM Santa Cecilia de Pozo Estrecho, en un diálogo sonoro que promete ser uno de los momentos más singulares de la jornada. Una fórmula similar seguirá Manva Negra junto a la Unión Musical de Torre Pacheco, reforzando ese vínculo entre tradición y nuevas corrientes que define el espíritu del festival.
Junto a ellos, el escenario acogerá a Adiós Noviembre, Julia Cry, Aurora Plazza, Calare, The Sonders, Carreto, Fruta Rara, Madita y Nereida, Sedo, además de las sesiones de Insomnia Music DJs, Härex y DJ Lemon. Un mosaico de propuestas que confirma que Ventepijo sigue siendo, ante todo, un escaparate para quienes están construyendo el presente musical desde lo local.
Pero si algo distingue a este encuentro es su manera de entender la experiencia completa. La gastronomía no actúa como un complemento, sino como una parte esencial del recorrido. El festival mantiene su apuesta por precios populares, tanto en la entrada —ya disponible por 10 euros más gastos de gestión y 15 euros en taquilla— como en la oferta culinaria, que incluso puede incluirse en modalidades especiales de acceso. Una decisión que no es menor y que refuerza su carácter inclusivo, alejándolo de modelos más excluyentes y acercándolo a su comunidad.
En un tiempo donde muchos eventos buscan crecer a cualquier precio, Ventepijo opta por algo más difícil: permanecer fiel a lo que lo hizo especial. Y en ese gesto, casi silencioso, reside gran parte de su valor. Porque volver no siempre significa empezar de nuevo; a veces, como ocurrirá en Pozo Estrecho, es simplemente continuar donde la música nunca dejó de sonar del todo.











