“Había pensado tocar en este artículo la ‘púa’ que me dejó la Autoridad Portuaria de más de seiscientos ‘aurelios‘, pero estoy comprobando en este inicio de 2026 que lo de retrasos en eventos festeros sigue normalizado en el sureste, por lo que otra vez vuelvo a escribir sobre este asunto, pues considero que ser puntual es un respeto a los que han acudido a su hora y que no está justificado demorar el inicio (salvo por causa de fuerza mayor) más de diez minutos aunque no haya llegado la autoridad de turno o se esté esperando al mismísimo (don) Carlos Alcaraz.
Comienzo con ‘una regla de tres’. Cuando un evento va a ser televisado en directo, los de ‘la tele’ exigen rigor en los horarios… y resulta que se cumple. También en los actos de Semana Santa suele haber puntualidad y lo mismo sucede en el inicio de competiciones deportivas conciertos, representaciones teatrales, etc. Conclusión: ‘quien quiere puede’ ya sea en una población de Cartagena o de La Unión, que son los dos territorios que me competen en la información.
Entonces, ¿por qué en otras temáticas son normales los retrasos? Es más, sé de algunas fiestas donde ponen una hora conscientes de que comenzará bastante más tarde y cuando preguntas a los organizadores te dicen: “Es para hacer tiempo que vaya viniendo la gente”. Pues no me vale. No hay que pensar en los que no están, pues la mayoría de casos ni vienen, y sí hay que mostrar respeto a los que han venido a la hora anunciada. Por consideración a ellos, el esfuerzo por cumplir el horario que se anuncia debe ser máximo. Dejar cinco o diez minutos lo entiendo como cortesía, pero más, salvo caso de fuerza mayor, en absoluto.
El viernes noche comenzó el Carnaval de Cartagena. El acto del pregón estaba anunciado para las nueve y media de la noche en la plaza del Ayuntamiento. Pues bien, nos dieron las diez y las diez y cuarto, que fue cuando actuó sobre el escenario una de las batucadas del desfile. Esto llevó a que el concierto de ‘El sitio de mi garaje’ se demorarse hasta las 23.15 horas. No son horas y menos en invierno, pues no se engancha a los que han salido de trabajar o de comprar en los comercios (cierran, por regla general, a las 20.30 horas). Es más bien hora de cenar, no de plantón. La consecuencia es que al final la mayoría de espectadores son gente del propio carnaval. ¿Se quiere llegar a todos o sólo a los del gremio? En este caso, el poder de atracción también estaba negativamente afectado por el clima de estas fechas, y la prueba fue la escasa presencia de la corporación municipal. Si al mal tiempo le unimos el retraso… ¡Bastante bien salió!
En los muchos años de recorrer fiestas para divulgarlas más allá de cada localidad y para alabar la labor de sus altruistas organizadores, nos hemos encontrado con muchísimos retrasos. Y ha llegado el caso de ‘tirar la toalla’, como en los actos internos de campamento de Carthagineses y Romanos. Es más habitual que comiencen dos horas después de lo anunciado que a su hora. Ahí sí que transmiten la sensación de que son acto sólo para cada tropa o legión organizadora, siendo mínima (si es que la hay) la presencia de visitantes. Una pena, pues alguno están muy bien y ‘venden historia’.
El retraso no es sólo potestad de fiestas, pues también lo he sufrido en ruedas de prensa deportivas y de políticos, pero en esos casos sólo somos afectados ‘los plumillas‘, mientras que en las fiestas son bastantes más los que se cansan de esperar, siendo muy posible que terminen por no volver a futuras convocatorias.
En lo referente a las fiestas, y por remarcar más lo que expongo con una vertiente ‘eurotera‘ (antiguamente, ‘pesetera’), creo que los retrasos también cuestan dinero si ocasionan que más tiempo estén echando horas extras trabajadores públicos o privados.
Sobre esto he escrito varias veces, pero parece que es como pregonar en el desierto. Sin embargo, sigo ‘erre que erre’ en pos de un ‘ferpecto‘ cumplimiento de horarios, esperando no tener que repetir más veces esa petición. Tiempo al tiempo”.
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