La penumbra no es ausencia, sino promesa. En el salón de actos del Centro Cultural Ramón Alonso Luzzy, la luz tenue de las velas vuelve a dibujar un paisaje íntimo donde cada nota encuentra su reflejo. Este martes, 21 de abril, a las 19:30 horas, la ciudad se deja envolver de nuevo por esa atmósfera suspendida en el tiempo que propone “Música en Vela”, una iniciativa que convierte lo cotidiano en una experiencia sensorial casi irrepetible.
No hay artificio más allá de la música y la emoción. Más de quince jóvenes intérpretes del Conservatorio de Cartagena ocuparán el escenario con la delicadeza de quien sabe que el silencio también forma parte del concierto. Uno a uno, en interpretaciones individuales, irán desgranando un repertorio pensado para conmover, para abrir un pequeño paréntesis en la rutina y recordar que la belleza suele habitar en lo sencillo.
El programa avanzará como una historia bien contada. Tras los primeros compases en solitario, llegará la complicidad de un cuarteto, ese diálogo entre instrumentos que se entrelazan sin imponerse. Y será entonces cuando el escenario alcance uno de sus momentos más evocadores: la entrada de una gran formación de guitarristas, una imagen que, bajo la luz cálida de las velas, promete quedarse grabada en la memoria del público.
Las composiciones de Wolfgang Amadeus Mozart y Georg Friedrich Händel resonarán en el espacio con una nueva vida, reinterpretadas por manos jóvenes que aportan frescura sin traicionar la esencia. No es solo un concierto; es un encuentro entre generaciones, entre la tradición y el presente, entre la disciplina del aprendizaje y la emoción de compartirlo.
La entrada, libre hasta completar aforo, invita a dejarse llevar sin reservas. Porque en noches como esta, Cartagena no solo escucha música: la siente, la respira y la guarda, como quien protege una llama que no quiere que se apague.











