Cartagena sigue ajustando el pulso de su arbolado urbano con una intervención que combina prudencia técnica y planificación a medio plazo. El Servicio de Parques y Jardines ha procedido en los últimos días a la retirada de varios ejemplares de ficus en la calle Ángel Bruna y en el entorno de la Avenida Murcia, una decisión que no responde a criterios estéticos ni improvisados, sino a una necesidad clara: evitar riesgos reales para quienes transitan a diario por estas vías.
Los árboles, plantados en 2008, habían entrado en una fase de deterioro evidente. No era una cuestión superficial. Presentaban signos avanzados de decaimiento, con ramas secas, pérdida de vigor y, en algunos casos, lo que los técnicos describen como “muerte en pie”. En otras palabras, estructuras debilitadas que, en cualquier momento, podían ceder. En un entorno urbano, eso no es un detalle menor.
La evaluación técnica ha sido determinante. Los informes apuntan a una combinación de factores estructurales, fisiológicos y fitosanitarios que hacían inviable su recuperación. Ante este escenario, la retirada no solo era recomendable, sino urgente. La prioridad, en este caso, ha sido clara: garantizar la seguridad de peatones, ciclistas y vehículos.
No es una actuación aislada. Esta línea de intervención ya se ha aplicado en otras calles de la ciudad, como Jorge Juan, donde los ficus enfermos han sido sustituidos por robinia, una especie más adaptada a las condiciones del entorno. La estrategia municipal parece orientada a renovar progresivamente el arbolado, apostando por ejemplares más resistentes y sostenibles en el tiempo.
Eso sí, la retirada no implica abandono. El calendario ya está marcado. Los nuevos árboles se plantarán en otoño, previsiblemente en noviembre, cuando las condiciones climáticas favorecen el arraigo y el desarrollo de las especies. Es una decisión técnica que busca evitar pérdidas y asegurar que la reposición no sea solo un gesto, sino una inversión duradera en el paisaje urbano.
Mientras tanto, la imagen de estas calles cambia, quizá de forma más brusca de lo que muchos vecinos desearían. Pero detrás de esa transformación hay una lógica que prioriza la seguridad y la planificación. Cartagena, en este sentido, avanza hacia un modelo de gestión del arbolado más consciente, donde cada intervención intenta anticiparse a los problemas antes de que se conviertan en noticia.











